EL DESARROLLO DEL NIÑO DE 0 A 6 AÑOS
De 0 a 1 año
De 1 a 2 año
De 2 a 3 año
De 3 a 4 año
De 4 a 5 año
De 5 a 6 año

EL NIÑO Y LA NIÑA DE 3 A 4 AÑOS

Este año es uno de los de mayor significación en el desarrollo del niño y la niña en esta etapa inicial de la vida, ya que en el mismo se suceden importantes cambios que se suceden de manera vertiginosa, y que hacen que el tránsito por este período resulte de una singular dificultad para los padres en la educación de sus hijos.

El hecho más característico radica en que el comportamiento de los niños y niñas, que hasta ese momento era bastante tranquilo y manejable, se vuelve de pronto muy difícil de controlar, con frecuentes demostraciones de oposición, terquedad y rechazo a obedecer o hacer las cosas como se les imponen. En algunos niños y niñas incluso esto ya ha comenzado en los finales del año de vida anterior, pero aún así, es en este donde este comportamiento se hace más resaltante y significativo. Y los padres se preguntan, "¿Qué está pasando con mi hijo, que se ha vuelto tan complicado en su conducta? Simplemente que se ha llegado a la crisis de los tres años.

La crisis es un fenómeno natural del desarrollo que se sucede en varios períodos de la vida de los niños y niñas, al año, a los tres, entre los seis y siete años, a los once-doce cuando comienza la adolescencia, entre otros. Es un proceso de grandes cambios que se dan en un corto período de tiempo, y que los transforman radicalmente. Es un paso inevitable en el desarrollo y que se da porque entran en contradicción las posibilidades cada vez mayores del niño y la niña de actuar por sí mismos y hacer mas cosas, y la manera en que los padres los han estado educando hasta el momento, dilema que ha de ser resuelto o la crisis, que es un paso normal del desarrollo, se puede volver crítica y resultar en perjuicio para el sano transcursar de la personalidad en formación de estos niños y niñas.

La crisis se caracteriza fundamentalmente porque los niños y niñas se vuelven rebeldes y caprichosos, se niegan a obedecer, quieren hacer todo por sí mismos,

se muestran voluntariosos y renuentes a hacer las cosas como antes. En el plano emocional se observan irritables, majaderos, en ocasiones agresivos. Sin embargo, se destaca que este comportamiento se da solamente con los adultos, pues con los otros niños y niñas las relaciones se mantienen buenas y cordiales.

Si la crisis no es resuelta puede dejar como secuela rasgos muy negativos en la personalidad del niños y la niña, como la terquedad, el rechazo a obedecer reglas y patrones de conducta, obstinación y oposicionismo, entre otros comportamientos significativos.

¿Qué hacer, se preguntan los padres ante este hecho? La respuesta es bien larga y compleja y requiere un análisis detallado de la dinámica familiar para una respuesta bien pensada, y que excede el espacio de esta caracterización. Pero en términos muy generales, transformar el sistema de demandas impuesto al niño y la niña hasta ese momento, contrastar con sus posibilidades crecientes, y modificar e instaurar nuevos patrones de organización y control de su conducta y socialización.

La crisis es muy importante, porque indica que en el niño y la niña se están sucediendo importantes transformaciones en su desarrollo, y no se presenta igual en todos ellos, en algunos pasa casi inadvertida, en la mayoría es muy ostensible, mas siempre se da como hecho natural y singular del desarrollo.

Uno de los cambios más importantes se sucede en el pensamiento de estos niños y niñas. Así, de una forma de actuar con los objetos basada fundamentalmente en su propia acción con los mismos, ahora ya pueden "pensar" lo que van a hacer, planificar y premeditar con anterioridad. Esto, unido a un intenso afán por conocer las cosas, les motiva a hacer numerosas preguntas sobre todo lo que les rodea, preguntas que a veces se vuelven interminables y que llegan en ocasiones a exasperar a los padres. Esta etapa de los "¿Por qué? es esencial para el surgimiento de los intereses cognoscitivos y el afán de aprender que luego les será tan útil en su aprendizaje en la escuela.

Ya son capaces de diferenciar varios colores, formas y tamaños, aunque todavía se equivocan con frecuencia. A su vez reconocen y diferencian diversos elementos naturales (agua, aire, cambios de tiempo) y las particularidades distintivas de animales y plantas, lo que les permite agrupar, clasificar, comparar, seriar de manera elemental y establecer diversas relaciones cuantitativas como mucho, poco o ninguno.

Un hecho de singular importancia aparece y que resulta muy llamativo a los padres, es el de que los niños y niñas pueden sustituir cualquier objeto por su representación, y que se manifiesta en el dibujo, en sus juegos, en sus acciones, esto hace que incluso puedan hacer construcciones sencillas con bloques a partir de modelos objetales o gráficos, asumir diversos roles en el juego, modelar y darle una significación a lo que hacen.

El lenguaje tiene un espectacular avance en este año de vida, y ya usan todas las estructuras gramaticales de la lengua, aunque todavía mediante la utilización de oraciones cortas y con mucho apoyo de gestos que les ayudan a expresarse y mantener conversaciones en las que ya relatan algunos hechos fuera de su contexto inmediato y cosas que les han sucedido en un pasado cercano, si bien es cierto que aunque dominan las relaciones de lugar, todavía se confunden con frecuencia en las de tiempo, por lo que no es raro que digan, por ejemplo "Mañana yo fui" cuando cuentan algo.

Ya pueden repetir cuentos y canciones conocidas, así como poesías que no sean muy extensas.

Por otra parte ya el lenguaje ha alcanzado un buen nivel en su función reguladora, por lo que el mismo puede ser utilizado mas eficazmente para controlar su conducta y organizar una disciplina más consecuente, sobre todo partiendo del hecho de que sienten alegría ante el elogio del adulto y vergüenza ante su desaprobación, lo que era menos observable en el año anterior.

Emocionalmente, salvo el choque frecuente con los adultos por el problema de la crisis, logran mantener un estado de ánimo estable alegre y activo, y se sobreponen con facilidad a los eventos negativos que se presentan.

Ya son bastante hábiles para valerse por sí mismos, y pueden vestirse y desvestirse mas o menos bien, ponerse calcetines y zapatos, entre otras cosas, al igual que ya son capaces de mostrar buenos modales en la mesa, al comer, usar la cuchara y la cucharilla, la servilleta, etc.

También pueden mantenerse "secos" y "limpios" e ir al baño por sí mismos cuando sienten la necesidad, aunque en ocasiones ocurren "accidentes", sobre todo cuando se entusiasman mucho con el juego o viendo la televisión, en que no les da tiempo para llegar, por lo que no hay que formarle aspavientos ni regañarlos innecesariamente.

En el plano motor tienen ya un buen dominio de los movimientos gruesos, como correr, lanzar, reptar y trepar, y son capaces de bailar y seguir diversos pasos que se les indican con distintos estímulos musicales, así como seguir su ritmo.

Relacionada con esta posibilidad motriz y con la de sustituir unas cosas por otras, asumen el rol de diversos personajes en el juego (de médico, de chofer, de maestro, entre otros) y relacionarse con otros niños y niñas a partir del rol que asumen en tales juegos. Esto es un gran paso de avance en su desarrollo psíquico, y una vía importante de conocer el mundo social que le rodea, de ahí que los padres deben propiciar amplias oportunidades de juego a sus hijos.


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