“JUGANDO CON LA LUNA”
CUENTO INVENTADO POR LOS ALUMNOS Y LAS ALUMNAS DE 4 AÑOS

CP LA CORREDORIA II
C/ MOLÍN DEL TORO S/N -33011 LA CORREDORIA, OVIEDO
ASTURIAS, ESPAÑA
MAESTRA: Esperanza Medina Martínez

PROCESO DEL CUENTO

El cuento surgió como una actividad colectiva para celebrar el día del libro, encuadrada a la vez en las Jornadas Culturales del colegio, centradas en la astronomía.

El proceso se inició con la elección de dos palabras, una relacionada con las jornadas culturales: la luna, y otra que no tuviera nada que ver: los zapatos. A partir de esas dos palabras, en asamblea, ha ido saliendo la historia de nuestro cuento. La redacción final la he rematado yo, aunque con el consenso de todo el alumnado.

Posteriormente cada niño o niña se ha encargado de ilustrar una página del libro, así como de escribir una frase al pie del dibujo con la que se irá resumiendo la historia. El texto completo aparece al final del libro.

Cuando los libros estuvieron montados y listos cada niño coloreó el suyo propio, que una vez terminado se envió a casa para que sus familias pusiesen leérselo. Además de contar cada niño con su propio libro un ejemplar de éste ha pasado a formar parte de la biblioteca de aula.

Las páginas escaneadas que se envían se encuentran aún sin montar, por lo que en muchos casos el texto que aparece al lado no corresponde a la imagen. Estas páginas se expusieron en espacios comunes del colegio como parte de las actividades realizadas en las Jornadas Culturales de este año, junto a un ejemplar ya terminado que cualquier persona que se acercase a la exposición podía leer.

Los niños han disfrutando sintiéndose creadores de su propio libro, haciéndoles muchísima ilusión que cada vez que se lee el cuento se les lea también la lista de autores.

Un saludo

Esperanza Medina


JUGANDO CON LA LUNA

Érase una vez la luna, que quería comprarse unos zapatos.

Los quería para salir a pasear por el cielo porque cuando pisaba las nubes descalza, como estaban formadas por gotitas de agua y las notaba húmedas, le parecía que estaban demasiado frías.

Porque la luna de nuestro cuento tenía piernas y rodillas y pies.

Y cuando salía a pasear sobre las nubes tenía que pisar despacito, porque si pisaba muy fuerte se podían romper.

Así que un día la luna decidió ir a la Tierra.
Nunca antes había bajado a la tierra y al llegar vio tanta gente que se asustó un poco, así que decidió caminar un rato, pero se perdió y llegó a una playa.

Allí no había zapatos, pero había algunos niños jugando con las olas y parecía que se divertían mucho. La luna quiso probar a jugar con ellos, pero cuando mojó los pies en el agua le pareció que estaba muy fría y salió corriendo otra vez a la arena.

Sin embargo, al ver que los niños se lo estaban pasando tan bien vuelvió a probar y esta vez el agua ya no le pareció tan fría, así que se fue metiendo en el mar poco a poco. Cada vez le gustaba más el agua y se bañó en el mar.

Como es redonda, grande y blanca los niños jugaban con ella como si fuera una enorme pelota hinchada: se la tiran unos a otros, la lanzan a las olas que se la devuelven una y otra vez.

Durante mucho tiempo la luna juega con los niños, se ha divertido mucho en la playa, mojándose en el agua, pero se hace tarde y ella había venido a comprarse unos zapatos, así que se despide de sus nuevos amigos y le pregunta a una señora que estaba tomando el sol si le puede indicar por dónde se va a una zapatería.

La señora le indica el camino de la ciudad y la luna, después de darle las gracias, se pone a caminar en aquella dirección.

Llega a una zapatería que tenía unos preciosos zapatos rojos brillantes en el escaparate. “Quiero esos zapatos” –pensó-

Entró en la tienda y pidió que le metiesen en una caja los bonitos zapatos rojos.

La luna volvió a su casa muy contenta con la caja que tenía dentro los zapatos brillantes.

Pero cuando la luna sacó los zapatos de la caja e intentó ponérselos se dio cuenta de que le quedaban pequeños.

Había ido a una zapatería de niños, y no a una de lunas. Debería habérselos probado en la tienda.

Pero le gustaban tanto que se los puso igualmente, le apretaban un poco, pero salió a pasear por las nubes con sus zapatos nuevos.

Cuanto más caminaba por las nubes más daño le hacían los zapatos, así que decidió quitárselos un ratito y los posó sobre una nube pequeña que le quedaba a mano.

Pero los zapatos pesaban demasiado para aquella nube pequeñita, así que la nube se rompió y los zapatos comenzaron a caer.

Y caían, caían, caían… hasta que llegaron a la carretera y se quedaron allí en medio.

Antes de que la luna pusiese bajar a cogerlos pasó un coche por encima de los zapatos y los estropeó.

La luna se puso muy triste, se sentó sobre una enorme y mullida nube y comenzó a llorar.

Tenía los pies descalzos sobre aquella nube, que estaba blandita y húmeda. Esto le hizo recordar la playa, sus pies en el agua y lo bien que se lo había pasado con los niños, así que se puso contenta otra vez.

Se dio cuenta que no necesitaba los zapatos para volver a jugar a la playa con los niños.

Y siempre que le apetecía volvía

 

 

Acceder al Cuento (imagenes y texto) en pdf desde este enlace.