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Continuar familiarizando al niño y la niña con las palabras del entorno que designan los objetos que entran en su campo visual, así como las acciones que se realizan con los mismos.

La metodología sigue la misma técnica que en el trimestre anterior, pero ampliando el tipo de objetos y relacionando los mismos con diferentes acciones, en particular cuando lo alimenta, lo asea, lo entretiene, y en las cuales puede introducir variados objetos nuevos y ya conocidos, y utilizar aquellos que forman parte de la actividad pedagógica o de la satisfacción de necesidades básicas, como puede ser en el caso del aseo, nombrar y accionar con el jabón, la toalla, el agua, la regadera, entre otros.
Es importante que la educadora comprenda que ella no ha de insistir en que la niña o el niño repitan lo que ella les dice, pues el objetivo de la actividad es tan solo que continúen escuchando e incrementando palabras, y las acciones que se hacen con las mismas.
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Estimular a que el niño y la niña activamente reproduzcan las palabras que se les dicen, y continuar reforzando aquellos que ellos hacen de forma natural y espontánea.

A diferencia de la actividad anterior, en este caso la educadora muestra los objetos y acciones y procura inducir a su repetición por el niño y la niña, valorando que ellos no van a poder reproducir con exactitud lo que se les dice, por lo que a veces responden con sonidos que no están relacionados fonéticamente de una manera directa, pero que implican un comportamiento activo en este sentido.
A su vez la educadora reproducirá no sólo los sonidos verbales que ellos produzcan, sino también toda expresión ruidosa que hagan, como estornudos, bostezos, trompetillas, y cualesquiera otras manifestaciones sonoras.
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Propiciar una manifestación activa, tanto del gorjeo como del balbuceo, como formas elementales de ejercitación de los sonidos verbales.

El balbuceo es una repetición de sonidos que espontáneamente hacen el niño y la niña, en la que combinan primeramente vocales seguidas de consonantes, que luego se combinan a su vez con consonantes continuadas con vocales en el siguiente trimestre.
Para su estimulación la educadora, partiendo de la metodología utilizada para el surgimiento del complejo de animación, emitirá fonemas en los que use una vocal seguida por una consonante, tales como "am", "ap", "ot", entre otros, y luego de una consonante prolongada por una vocal como "ma", "pa", "tu", procurando que el niño o la niña centren su mirada en sus labios, lo cual también puede reforzarse poniendo las palmas de las manos del niño o la niña en la garganta o las mejillas del adulto, para que ellos sientan las vibraciones que se producen al articular dichos fonemas.
El gorjeo, aunque es una fase anterior del desarrollo, se ha de continuar estimulando, pues hay niños y niñas que mantienen este comportamiento a la vez que empiezan a balbucear.
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Posibilitar que el niño y la niña escuchen la misma palabra asociada a tonos diferentes de la voz humana.

Desde este trimestre de 3-6 meses en adelante se ha de empezar a trabajar contenidos dirigidos a la utilización de diferentes entonaciones en el contacto verbal con el niño y la niña, principalmente los tonos alto-bajo, grave-agudo, serio-alegre, que son los más reconocibles por los pequeños de esta edad.
En un principio la educadora utilizará las entonaciones más simples y contrastantes, como puede ser la diferencia entre una misma palabra emitida de manera grave y aguda, hasta otras más complejas que puedan expresar asombro, enfado, etc.
Para esta actividad podrán usarse objetos, láminas o situaciones de juego o de la vida cotidiana.
En las situaciones más simples una misma frase o palabra puede variar su tono acorde con la situación, como puede ser un perro que ladre alto o bajo.
En las más complejas es importante que el tono se relacione con acciones específicas que la reflejen, por ejemplo si se le muestra al niño un juguete en una actividad, la educadora puede exclamar "ĦOh, que lindo perrito! "para reforzar el asombro que esto provoca y concretar este tono oral para situaciones semejantes.
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Procurar que el niño y la niña relacionen e imiten diversas palabras con movimientos que se asocian a las mismas

En una situación lúdica, a partir de este trimestre se ha de comenzar a trabajar en la utilización de diversos movimientos, en forma de juegos o acciones motoras, que se asocian con palabras determinadas para establecer la relación entre estos movimientos y las palabras que se acompañan.
Por ejemplo, se puede tomar al niño o la niña por debajo de las axilas y elevar su cuerpo hacia arriba repitiendo verbalmente "arriba" o "sube-sube" y luego descenderlo diciendo "abajo" o "baja-baja", o hacia atrás y delante como en el juego de "aserrín-aserrán".
Esta actividad suele gustar mucho a los niños y niñas, y puede realizarse en cualquier momento de la vigilia activa, menos a continuación de la alimentación.
Esta es una actividad que debe realizarse con frecuencia, pues ha de continuarse en los trimestres posteriores, en los que estos juegos pueden asociarse a acciones más complejas.
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Empezar a posibilitar que el niño y la niña relacionen un grupo de sonidos consigo mismos, y que identifiquen a otras personas con palabras correspondientes.

Si bien desde el mismo momento del nacimiento cada vez que se realice una acción con el niño o la niña se le deberá llamar por su nombre, es a partir de este trimestre de 3-6 meses que aparece como un contenido a desarrollar en una actividad o como parte de las acciones de la vida cotidiana.
Al hacer esto, y particularmente en este período, la educadora ha de insistir en señalar al niño o la niña que llama, mediante gestos y acciones motoras, para ir asociando este sonido (el nombre) a una acción directa hacia el niño o niña en particular.
De igual manera cada vez que otra educadora o una auxiliar se acerque al pequeño, la que está trabajando con este procurará sobreenfatizar el nombre de dicha persona, para que resalte su nombre en la cadena de palabras que dice, eso se logra dándole una entonación mas fuerte, o diferente, del resto de las palabras que dice.
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Reforzar los movimientos rotatorios de la lengua iniciados en el trimestre anterior.

La metodología a seguir es básicamente la misma previamente utilizada, pero ahora se le añade el que la educadora, además de hacerlo durante la alimentación, y a partir de la técnica del complejo de animación, haga ella misma movimientos rotatorios con su lengua que el niño y la niña puedan observar, y los estimule a que ellos lo hagan también.
El hecho de que ellos saquen la lengua, aunque no puedan hacer propositivamente el movimiento rotatorio, es un índice de que la actividad está lograda, tanto desde el punto de vista de la comprensión del lenguaje como de la estimulación de las estructuras fonatorio-motoras.
Igualmente puede realizar esta actividad teniendo cargado al niño o la niña, y situándose frente a un espejo, en el que se puedan ver ambos rostros a la vez.
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Reforzar conexiones temporales nerviosas más complejas hacia fuentes sonoras del ambiente producidas por medios diversos.

Siguiendo la misma técnica del trimestre anterior, se ha de procurar que los sonidos y vocablos que el niño o la niña escuchen se organicen en frases o series de sonidos, tanto de orden musical como onomatopéyicos simples.
Cuando se escuche esta grabación la educadora debe procurar que no haya objetos o acciones entorno del niño y la niña que los distraigan de la fuente sonora que se les propicia.
Pueden utilizarse pequeños fragmentos de música, clásica o instrumental, de tono vibrante pero muy suaves y en bajo volumen, para los momentos de inactividad, y tratar de llamar la atención del niño o la niña hacia la fuente del sonido.
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Lograr una complejidad mayor de la entonación melodiosa de la voz humana, con frases y sonidos más estructurados.

La técnica a utilizar es la misma del trimestre anterior, solo que ahora, tanto las nanas como las canciones que se empleen han de ser más complicadas, pero aún sin llegar a ser muy elaboradas.
Lo importante es que el niño y la niña escuchen la voz humana suave y melodiosa en cadenas orales más estructuradas, pero todavía pertenecientes a las voces que el niño y la niña conocen de su entorno.
En este sentido se hace apropiado que la educadora grabe su propia voz, y la de sus auxiliares si es conveniente, y sea esta grabación la que se les deje oír a los pequeños, para que reconozcan una voz familiar que acústicamente suena diferente.
El canto puede acompañarse de movimientos, tanto dando palmadas suaves como batir de manera delicada una superficie.
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Preparar al niño o la niña para la etapa del silabeo o asimilación de los sonidos de la lengua natal.

Para esta actividad puede utilizarse cualquiera de las metodologías propuestas con anterioridad para la repetición de sonidos y vocablos, pues lo fundamental ahora es la incorporación de fonemas básicos de la lengua natal.
El balbuceo como tal consiste en una repetición de sonidos homogéneos que son ajenos a las particularidades de la lengua materna, ahora se trata de insistir en aquellos que forman parte intrínseca de la lengua española, como puede ser el caso del fonema /eñe/ o la /r/, por nombrar algunos.
Esto puede realizarse de conjunto con cualquiera de los contenidos expuestos en las actividades anteriores.
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Hacer que el niño y la niña establezcan una relación entre un objeto y un sonido correspondiente.

Teniendo la educadora al niño o la niña sentado en su regazo o frente a sí, le muestra un objeto que produzca un sonido, como puede ser un globo que se desinfla, un reloj que esté funcionando, una pelota que se bota en el piso o una mesa, una matraca que se da vueltas, entre muchos otros, y se llama la atención hacia el ruido que produce, pero aún sin emitir verbalmente su sonido onomatopéyico, ya que esto es una actividad del siguiente semestre.
Lo importante ahora es que el niño y la niña observen que hay objetos que producen un ruido determinado, y que pueden ser muy diversos.
De igual manera la educadora puede golpear suavemente con su mano o puño la mesa, y decir "ĦMira como suena!", así como utilizar cualquier objeto con similares propósitos.
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Relacionar la visión de un objeto con palabras que se refieren al mismo.

En posición sentada en su regazo o frente a sí, la educadora le muestra una lámina al niño o la niña y le dice cosas referentes a la misma, describiéndola y relatando breves acciones, empezando por una sola representación y luego incorporando hasta tres en la medida en que ellos van progresivamente centrando un poco más su variable atención. Aquí no es importante organizar un argumento, sino tan solo que se destaque que se pueden decir oralmente cosas de algo que se observa.