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El niño aprende el lenguaje de forma natural a través de los intercambios con el entorno social: el bebé consigue la atención del adulto por medio de movimientos, gestos y sonidos (balbuceos, gritos, palabras, etc.); el adulto comprende que el bebé quiere comunicar algo y responde traduciendo sus gritos y balbuceos o pronunciando correctamente las palabras del niño. El adulto interpreta los sonidos y palabras del pequeño, les da un significado, añade algunas palabras y conceptos relacionados y forma frases con estructuras más complejas. De este modo, mejora la comprensión y la expresión lingüística del niño.

Gracias a los resultados de numerosos trabajos científicos acerca de la influencia del medio social, y más específicamente del medio familiar, en el desarrollo del potencial en la infancia, hoy sabemos que todo tipo de estímulos que recibe el niño constituyen los elementos indispensables para el desarrollo de su lenguaje. Según el estilo de vida de la familia, las relaciones que existan entre los padres y los hijos, el tiempo que dediquen a la educación de los niños, etc., la adquisición del lenguaje se realiza de manera distinta. Cuando se conoce la importancia del lenguaje en la vida social, y sobre todo para el éxito escolar, se comprende claramente que las diferencias de medio social desembocan en diferencias de nivel lingüístico, que a veces se interpretan como diferencias de nivel intelectual. El niño que no tiene un buen nivel de lenguaje no siempre comprende muy bien lo que ocurre y puede comportarse como si su nivel intelectual fuera más bajo de lo que es en realidad.

Desde su nacimiento, el niño desarrolla conductas comunicativas, verbales o no verbales, que garantizan el intercambio con el entorno, obtiene respuestas para satisfacer sus necesidades y le sirven de modelo para mejorar su lenguaje. Progresivamente va respetando los códigos establecidos por el contexto social y, poco a poco, aprende todas las funciones del lenguaje (interrelacionarse, pedir, preguntar, opinar, imponer, informarse, jugar, etc.). Los gorjeos, dan lugar a balbuceos, más tarde se entrena con las sílabas y, alrededor del año de edad, pronuncia sus primeras palabras con intención comunicativa. Durante el segundo año de vida, evoluciona notablemente el lenguaje comprensivo, el pequeño se dedica a utilizar una jerga espontánea ensayando la formación de frases de una, dos y hasta tres palabras. Con el paso del tiempo y la práctica, el niño va adquiriendo el dominio del lenguaje. Con tres o cuatro años dispone de un vocabulario amplio que aumenta constantemente, el conocimiento de las estructuras gramaticales también se incrementa y utiliza el lenguaje de forma aceptable. Es frecuente que cometa errores gramaticales, sobre todo con algunas formas de verbos irregulares.

A través del lenguaje, el niño de esta edad es capaz de pensar, buscar soluciones a los problemas y planificar juegos para compartir con los amigos. Narra con fluidez sus experiencias y progresa bastante cuando intenta comunicar sus ideas. Ya es capaz de inventar historias fantásticas, participa en conversaciones con los adultos y sabe adaptar la forma de hablar a la situación y al interlocutor, bien sea adulto o igual. Poco tiempo antes irrumpía en las conversaciones sin consideración alguna, pero ahora ya es capaz de esperar una pausa para intervenir.

Desde muy pequeño, el niño disfruta escuchando narraciones y, a medida que aumenta en edad, también se incrementa el tiempo durante el cual mantiene la atención y la concentración con las historias más largas y complejas.

¿Cómo pueden ayudar los padres al desarrollo lingüístico del niño?

  • Aprovechando cualquier actividad cotidiana (al cocinar, en la comida, de camino al colegio, etc.) para escuchar sus opiniones e inquietudes, para contestar sus preguntas, hablar de los acontecimientos que suceden en su vida, escuchar lo que piensa y cómo se siente, etc. No le hagan demasiadas preguntas para obligarle a hablar, éstas son buenas porque le ayudan a reflexionar y buscar soluciones, pero si intuye que ustedes sólo desean hacerle hablar, se inhibirá y, probablemente, guarde silencio.
  • Si su hijo es pequeño, háblenle despacio, de forma clara y sencilla, de modo que pueda ver el movimiento de sus labios; utilicen enunciados cortos y reiterativos, cuidando la pronunciación, intentando ser muy expresivos y ayudándose con información gestual. Nombren todo lo que señala, pide o llama su atención y refuercen cualquier intento de pronunciación por parte del niño.
  • No corrijan su pronunciación, los errores gramaticales que pueda cometer o las frases que no expresan claramente lo que quiere decir. Es mejor que le digan la frase correcta como parte de la conversación. Por ejemplo, si el dice “Yo no he rompido la maceta”, le pueden decir: “Ya se que no has roto la maceta, pero puedes ayudarme a llevar los trozos a la basura”. Sobre todo, es muy importante que no le corrijan cuando hay personas delante, provocarán que se sienta avergonzado y pierda confianza para seguir hablando.
  • Lean juntos cuentos, fábulas y narraciones; dejen que sea él quien elija los libros. Terminada la lectura, pueden comentar algunos aspectos sobre el argumento y pedirle que de su opinión sobre lo que ocurre en la historia. Procuren no realizar un interrogatorio, pueden comenzar haciendo ustedes algún comentario o dando su opinión para iniciar una conversación al respecto.
  • Asegúrense de que tiene tiempo y espacio para jugar, en ocasiones solo, pero también compartiendo ratos agradables y divertidos con ustedes. Los momentos de juego son fantásticos para estimular su lenguaje: jugar a decir disparates, adivinar el nombre de un animal por el sonido que emite y los movimientos que realiza, hacer ruidos graciosos mientras garabatean, dibujar o colorear, conversar mientras moldea con plastilina o masa blanda, retransmitir un partido de fútbol mientras desplazan los muñecos por un imaginario campo deportivo, dramatizar cuentos, imitar a los cantantes o actores de su preferencia, escribir o dibujar mensajes, etc.
  • Proporciónenle ocasiones para jugar al aire libre y  para jugar con amigos. Pueden observar sus conversaciones y aprender mucho respecto a sus inquietudes y motivaciones, pero procuren no intervenir si ellos no lo desean.
  • Enriquezcan su lenguaje ampliando sus comunicaciones dentro del contexto normal de la conversación. Por ejemplo, si él dice: “Me he divertido en el parque”, ustedes puedes responder “Ha sido muy divertido, sobre todo cuando le has dado comida a las palomas”.
  • Ayúdenle a describir, de una forma natural, animales, plantas, objetos, acciones y situaciones, ampliando sus enunciados.
  • Limiten el tiempo que pasa viendo la televisión. Elijan la programación más adecuada y procuren estar a su lado para responder a las preguntas que le surgen sobre lo que ve, explíquenle las situaciones que no comprende bien y comenten después sobre lo que hayan visto. Hay programas infantiles y documentales de la naturaleza que le ayudan a desarrollar su imaginación y conocer cosas que difícilmente puede ver de otro modo: animales salvajes, cordilleras nevadas, tornados, países y culturas lejanas, etc. Sin embargo, recuerden que el tiempo que pasa sentado frente al televisor es un tiempo valioso que pierde de disfrutar jugando, de relacionarse y conversar con otras personas.

Estimular el lenguaje de su hijo es muy valioso para el desarrollo de su potencial pero, por encima de todo, está la gran posibilidad de que disfruten juntos de una comunicación eficaz y estrechen sus lazos afectivos.