CONCURSO INTERNACIONAL DE CUENTOS CORTOS PARA LA EDUCACIÓN EN VALORES "CIUDAD DE MORELIA" 2009/10

Mención de Honor
Título
Autor
País
Libélula
Rafael P. Quezada
Guatemala
Valores asociados: Respeto a la diversidad, cooperación amistad, tolerancia

Con sus alas transparentes y su cuerpecito largo y rojo, después de haber pasado la mañana buscando para comer: mosquitos, larvas y otros bichitos entre las plantas del río, Libélula estaba cansada y decidió posarse un ratito sobre una roca en medio de la corriente.

Vió una piedra muy bonita aunque algo rara, era negra, pulida y redondeada con un hoyito en cada lado. Al pararse en ella sintió en sus patitas que la piedra no estaba fría sino que era más bien tibia. Llevaba sobre la piedra solo un momento cuando una ráfaga de viento la sopló y casi la tiró en las aguas. Asustada iba a emprender el vuelo cuando oyó una voz ronca y profunda que le hablaba suplicante:

-No linda, por favor no te vayas que no te voy a hacer nada malo, quédate un ratito más-

Libélula se detuvo y se dio vuelta para ver que lo que creyó que era una piedra tenía dos ojos más arriba que se medio cerraban al verla y descubrió que la “piedra” era en realidad la nariz de un gran animal.

-¡Ah si, si yo ya te conozco! Tu eres el búfalo de agua ¿Por qué andas siempre solo?- preguntó Libélula muy intrigada.

-No sé, nadie se me acerca, parece como que si me tuvieran miedo, talvez porque soy muy grande.-

-No, no es porque seas muy grande, es por la que miras a todos, así medio cerrando los ojos y parece una mirada amenazante, inspirando miedo a todos los animales- Le explicó Libélula muy hacendosa.

-La razón por la que tengo ver así es porque yo no veo bien y todo lo veo nublado. Si cierro un poquito los ojos, aunque todo lo veo más claro, no deja de verse turbio. Pero yo no le hago mal a nadie, vivo solo y sin amigos, por eso es que ando siempre solitariamente solo pensando y pensando.-

Libélula se quedó callada por un momento y luego dijo muy excitada:

-¡Tengo una gran idea!- y se preparó para echar vuelo.

-¡No vueles, no vueles, quédate otros instantes!- dijo el búfalo de agua rogando..

-No tengas pena, mi gran amigo, hay algo que debo de hacer pero regresaré mañana. Te lo prometo.

Luego le dio un besito en la punta de la nariz y el búfalo de agua se sonrojó un poquito.

A la hora de almuerzo del siguiente día, Libélula llegó volando a donde el búfalo de agua la esperaba y le dijo muy alegremente:

-Te tengo una gran sorpresa, te traemos un regalo. El búho nos dio las instrucciones, mis hermanos me dieron las alas transparentes que les sobraban, las abejas un poquito de cera clara, el pavo real nos dio dos de sus plumas más largas y entre el tejón y el monito armaron lo que te traemos.

Hizo una señal a la garza, que caminando entre el río, les dio lo que llevaba en el pico a dos rojos cardenales que cuidadosamente lo tomaon uno de cada lado y volando despacito se lo colocaron sobre la nariz al búfalo de agua y luego se lo trabaron atrás de las largas orejas.

-¿Qué es esto qu me están poniendo?-preguntó muy sorprendido el búfalo de agua.

-Un par de gafas que te hemos hecho, anteojos para que veas mejor ¿No notas la diferencia?

-¡Sí, sí!- gritó el búfalo de agua muy contento. -¡Mira la garza, que bonita! Ya no es solo una mancha blanca y lo que creía que era el tonco de un árbol caido al lado del río es un caimán que me sonríe. ¡Y la rana! Yo pensaba que era una hoja soplada por el viento. ¡Ay mi amiguita, que buena que eres!

Mira que bonito el río, las flores y hasta las piedras ¡El bosque es un encanto!-

-No creas que sólo te lo traigo yo. Te lo traemos todos porque queremos ser tus amigos y no importa que seas grande o chico, o que seamos blancos o negros, amarillos o rojos, gordos o flacos, altos o bajitos. Conejos, culebras, mariposas o lagartos, todos somos creación de Dios, como todos somos sus hijos pues...todos somos hermanos, sin tener miedo ni pelear, siempre trabajando juntos.

Los pajaros aletearon, las liebres movieron las orejas, las palomas dijeron “cuuu-cuuu” mientras la urraca, el cuervo y el ganso grasnaron haciendo un coro.

Al ver tanta alegría, el búfalo de agua sonrió enseñando sus grandes dientes y sus anteojos, todos los animales se rieron y rieron ¡Se miraba tan chistoso!

Desde ese feliz día, Libélula se pasea parada en su lugar favorito: sobre la punta de la nariz de su amigo, pajaritos en su lomo, conejos y gacelas a su lado. El búfalo de agua mira para todas partes y camina muy contento con sus elegantes gafas y su amiguita parada sobre su nariz.

Y los animales del bosque viven como viven los niños: juntos y grandes amigos.


Rafael P. Quezada nació en El Salvador pero vivió y creció en Guatemala desde que tenía cuatro años de edad. Luego, con sus padres, toda la familia emigró a EEUU debido a la inestabilidad política de esos días en Centroamérica. En este país conoció y se casó con una dama nicaragüense. Sus tres hijos nacieron en California donde ahora residen. Estudió en la Unversidad del Estado de California en Los Angeles graduándose en Biología y desde entonces trabajó en laboratorios médicos hasta que se jubiló. Ahora escribe cuando puedo y al hacerlo es feliz. Una novela suya llamada “Hymenolepis nana” fue publicada el siglo pasado en Guatemala.



Copyright Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE). El cuento se muestra tal y como el autor nos lo hizo llegar sin haber realizado ninguna modificación de estilo, ortografía o gramática. Si desea contactar con el autor del cuento, escríbanos.