CONCURSO INTERNACIONAL DE CUENTOS CORTOS PARA LA EDUCACIÓN EN VALORES "CIUDAD DE MORELIA" 2009/10

FINALISTAS
Título
Autor
País
El gato blanquinegro
Julián Andrés Montoya Reyes
Colombia
Valores asociados: Amistad, Respeto y Solidaridad

Alguien me dijo recientemente que se ha escrito todo sobre los gatos. Cómo se alimentan, cómo tratarlos, cómo duermen, y cómo viven. Pero realmente se equivoca, y ¡aún no sabe que tanto!

Amigos míos hoy compartiré con ustedes un secreto, que espero sepan guardar, se los diré al oído y bien bajito, para que nadie nos oiga. Esta es la historia de un gato, no de muchos, solo de uno, de color blanco y negro. Flaco como no tienen idea, pero siempre con una mirada misteriosa y una sonrisa picarona.

Hace muchos años cuando era tan joven como ustedes, y no ahora que soy un anciano repleto de historias por contar. Sucedió mi primer encuentro con el gato más especial que e conocido.

En aquella época empezaron a desaparecer algunas cosas de la cocina, y eventualmente me culparon, cría fama y échate a dormir. En vista de lo anterior quería recuperar mi buen nombre, por ello decidí hacer guardia durante algunas noches, tomando las precauciones necesarias del caso. No fuera que me encontrara con uno de esos animales rastreros, con colas largas que asustan a los niños. ¡Saben esos animales me asustan mucho!, son de aquellos de orejas pequeñas, dientes afilados, y afán de producirnos miedo. Pero no era ninguno de esos.

De una pequeña abertura en la ventana tan pequeña, que tan solo cabía mi dedo pulgar, se deslizó lo que parecía una víbora, de esas que le gusta cazar en las noches, y se comen los sueños de los adultos, aunque hay otras que se alimentan de las pesadillas y las remplazan con sueños rosados y azules como el algodón de azúcar.

En la tenue luz que ofrecía la luna poco a poco veía partes de una silueta: Orejas puntiagudas, una cola muy larga. ¡No, será acaso uno de los animales rastreros!, ¿que hago?, no puedo gritar porque lo alertaría, no puedo correr porque me alcanzaría. Solo me queda estar quietecito, respirar poco y ocultarme en la oscuridad esperando que no me descubriera. Mi mamá me dijo en una ocasión que aquellos animales se podían vencer si no se les demostraba miedo. Todo estaba en silencio y de pronto se escuchó un corto y dulce Hola. Por poco salgo gritando de la cocina, pero la curiosidad me ganó. Mi mamá nunca me dijo que esos animales hablaran.

Atrás bicho repliqué sin saber realmente a quién me dirigía.

Qué niño tan descortés, que no te ha dicho tu madre cómo contestar un saludo.
Cuál sería mi sorpresa al ver que era un gato quien me hablaba, no pude evitar sentirme avergonzado por sus palabras. Contesté –hola-, mil disculpas, ¿qué eres tú?
Niño no resulta claro, soy un gato: tengo bigotes largos, camino en cuatro patas, mis orejas son puntiagudas y además tengo cola. Debo ser un gato ¿No tendrás algo de comer por ahí?
Aún sorprendido por todo lo que estaba pasando, acaté a responder –tengo solo leche-. Y pregunté ¿Desde cuando los gatos hablan?

Todos los gatos hablamos solo hablamos un idioma diferente; una sonrisa se dibujó en su peluda cara. Un olor muy agradable me atrajo hasta acá, pero no era precisamente el de la leche.

Entonces se levanto en dos patas y empezó al olfatear, huelo algo, huelo algo, huelo algo ¡huelo atún!
Pensé en ese momento que se refería a una lata guardada desde hace ya mucho tiempo, y olvidada por mi mamá. Supongo que puedo darte esta vieja lata de atún, tengo que advertirte que lleva mucho tiempo guardada.

No importa, y mágicamente el gato la abrió y devoró su contenido en segundos ¡que atún tan delicioso!, que buen anfitrión eres niño, ¿cómo te llamas? A no importa, te recordaré por el olor.

Me puse rojo y mis cachetes se inflaron cuando escuché todo lo que dijo ese gato malagradecido. Y le respondí.

Oye gato si soy buen anfitrión tu eres un mal Invitado. Mi nombre es Juan, gusto en conocerte, ¿Cómo debo llamarte? A no importa, como no reconocer a un gato pulgoso como tú.

Lo merezco, oye niño...digo Juan a cada momento me agradas más. No tengo nombre, pero soy un gato diplomático del país de los gatos, y por eso puedo hablar el idioma de los humanos. Pues mi obligación es establecer buenas relaciones con ustedes. De vez en cuando vendré a verte y te contaré algunas de mis aventuras en el país de los perros. Te aseguro que te gustarán.

Que así sea amigo gato, ese es un trato. Cuando pueda te invitaré un poco de atún.

Y así inició una gran amistad con un gato blanquinegro diplomático de los gatos. Amigos míos si acaso le ven díganle que Juan lo espera para escuchar sus historias y brindarle un poco de atún.

Julián Andrés Montoya Reyes se describe a él mismo como un joven manizalita, amante de la lectura, y de la escritura. Se graduó en la Universidad de Caldas y actualmente trabaja en un colegio donde dicta las asignaturas de Filosofía y español.




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